Cuando una se enamora no piensa en lo duro que será el final. Controlar los impulsos y los sentimientos se convierte en una tarea ardua que nos desespera y nos provoca un malestar generalizado. Esto se traduce a todo lo que tocamos, no estamos centradas en el trabajo, la desgana puede con nuestra habitual simpatía y dejamos de confiar en todo lo que nos rodea.
La mayoría de las mujeres soñamos con un amor para toda la vida, ese amor de película que nos hace echarlo de menos incluso cuando aún no lo hemos vivido, al verlo en el cine, programas o simplemente al contemplar relaciones modélicas en nuestro entorno: padres, titos, abuelos… de ahí que nos entreguemos en cuerpo y alma cuando creemos que nos ha llegado esa persona.
Al final del trayecto, ellos se llevan un pedacito de nosotras. El vacío, la desesperanza, un dolor agudo en el pecho, lloriqueos continuados al ver a otros amándose o en situaciones parecidas por empatía… ¿cómo superar algo así?
Los tópicos, tópicos son, pero muy certeros llegan en momentos de incertidumbre, lo primero es pensar que después de la tormenta llega la calma, que hay más peces en el mar y que por supuesto un clavito saca a otro clavo.
Partiendo de esta base vamos a demostrar con los siguientes consejos que eres una mujer digna de admirar, fuerte y que puede con todo, una
mujer que no se permite el lujo de que la vean abatida, cabizbaja. Vas a conocerte a ti misma, a saber qué quieres y qué no quieres en tu vida, aprenderás a valorarte y a considerarte especial, llena de virtudes.
Ponte guapa y descubre un mundo para el que no tuviste tiempo
Ocúpate de ti misma. Atrévete con ese cambio de look que siempre soñaste, entabla conversación con las peluqueras, en el gimnasio o la piscina charla aunque sea de temas superficiales con quien tengas cerca, aprende todo aquello que te llame la atención o descubre facetas nuevas de tu personalidad. Seguramente la cocina, la pintura, la lectura, deportes divertidos puedan ser aficiones que copen tu tiempo, ese que antes entregabas a alguien y que por fin podrás invertirlo en algo productivo para ti.
La base de este primer paso es el egoísmo y egocentrismo, dos particularidades de personalidad que no necesariamente hemos de concebirlas como algo negativo.
Reorganiza tus cosas, haz limpieza de lo antiguo
Evitar las nostalgias hará más fácil la superación. En ocasiones hay hijos y mucho arraigo familiar de por medio, por lo que estos casos son más delicados y la paciencia será una virtud que te consolide como persona al final del proceso de separación.
Cuida tu entorno, no traigas a tu mente recuerdos de la intimidad y considérate una persona afortunada porque la vida te ha puesto un obstáculo para que el día de mañana puedas encontrar un camino mejor, más lleno de felicidad. Piensa que lo que no está para una, es siempre por algo.
Planes con amistades, familia, gente nueva
A través de tus amistades puedes conocer a gente nueva, no tengas miedo a enfrentarte a relaciones esporádicas que te ayuden a sentirte bien contigo misma.
Es crucial que tu entorno no saque el tema de la ruptura, algo que no ocurrirá si les adviertes previamente o si te ven contenta. Hazañas de la infancia, hablar de inquietudes y escuchar el pasado o porvenires de otros te harán sonreír.
No pisar la misma piedra
Si la decisión de dejarlo ha sido madura y por problemas graves, no le des vueltas. Evita reencuentros con tu ex y conversaciones largas que lleven a discusión. Alargar la despedida no es bueno y si la relación no ha funcionado una vez, pisar la piedra de nuevo puede acarrear un desastre mayor en el futuro. Las personas no cambian todo lo que quisieran.
Date un capricho
¿Te gusta la moda, la lectura, los viajes, la música? Te guste lo que te guste, si puedes permitírtelo, por qué no hacerlo. Déjate llevar por otras culturas, conoce otras maneras de vivir, de entender el amor, la vida… conocer nos hace grandes, nos hace ver el mundo desde otro prisma distinto al marcado socialmente. Puedes hacerlo a través de libros históricos, viajando o conociendo a gente extranjera.
La clave es estar muy agotada de hacer tantas cosas que cuando te eches en la cama los ojos se cierren solos. Te costará levantarte, vestirte, arreglarte, salir de casa, levantar el teléfono para llamar a alguien, será un gran esfuerzo incluso dedicarle tiempo a tu cuerpo, a tu persona, a la familia, ni siquiera añorarás aficiones, sueños, las metas por conseguir no serán un aliciente en estos duros momentos, pero pasarán los días, las semanas, los meses, y cuando menos lo esperes una mañana sentirás que ese nudo ya no está en el pecho, quedando únicamente intactos el recuerdo de una etapa que ya empiezas a considerar parte del aprendizaje de la vida.
A todas nos pasa, a ellos también, a veces nos toca a unas u a otros, lo único importante es la capacidad para afrontarlo. No podemos permitir que la ruptura nos anule como personas, somos mujeres inteligentes, con aspiraciones, somos sensuales y luchadoras, no dejemos que el recuerdo nos nuble las oportunidades que nos esperan ahí afuera.