¿Quién nos censuró el miedo?
Tenemos fama de ser profundas, aunque en ocasiones nos ocultamos tras una máscara de superficialidad.
Frases desnudas con demoledora sabiduría, perturban el único fin: “Nadie puede descubrir quienes somos de verdad”.
Con el síndrome de la mujer poderosa que invade en la actualidad, nos preguntamos si nuestra mente excepcional y esa coraza creada por nosotras mismas, es un don enviado por el misericordioso o bien una maldición, que reprime las verdaderas sensaciones femeninas.
Pero, ¿Quién fue el responsable de censurar nuestros gustos, nuestros deseos, pasiones y tanto más?... ¿Sentir miedo será sinónimo de debilidad?... Lo cierto es que mientras pasan los años, aprendemos a enfrentar ciertos temores, tras fantasmas del pasado que rondan el presente y que no hacen más que invadir de inseguridades a las mujeres.
La sabiduría adquirida, me ha enseñado que prefiero ser amiga de mis miedos, en vez de ser una odiosa enemiga de ellos... ¡es más fácil domar a un amigo que a un enemigo! y es así, como he superado tantas amenazas internas que acechan mi camino hacia el futuro.
Lo más curioso de todo es descubrir la ventaja de ese miedo y de ella sacar frutos para enriquecer el alma, calidad de vida y decidir ver las posibilidades que antes no existían o estaban ocultas.
Suena desequilibrado decir “he tenido fracasos que he disfrutado más, que éxitos que me han otorgado ataques de colon, migrañas e insomnios ¡Miedo Rabioso!”... ¡Pero más cierto que la Biblia!...
¿A quién no le ha pasado que luego de la agonía de un fracaso se abre una puerta más luminosa que el paraíso?
En terrenos resbaladizos y sensibles a mi piel, he conocido la vara de la precisión... esa que me dice ¡Adelante, sigue contra la Marea! y la misma que me grita ¡Retírate Ahora! ... una separación a tiempo, puede muchas veces garantizar años de felicidad en el futuro.
Criminalizar los miedos, no hace más que horrorizarnos y castigarnos en un rincón tiránico del mundo, donde más ciego es él que no quiere ver. No se trata de seguir a la defensiva como lo hemos hecho hasta ahora por culpa de quién sabe quién.
Si alguien fue capaz de censurar nuestros miedos, ¿por qué? hoy no es capaz de liberarnos de ellos y hacernos sentir más mujeres que doncellas musulmanas, aterradas tras un sereno velo que más que cultura y devoción por Alá, representa muchas veces, gritos de libertad.
Si las occidentales no sufrimos las exigencias religiosas de cubrimos con soberbios metros de telas, sinuosas joyas de oro y maridos con cuatro y más mujeres, lo hacemos tras esa máscara de superficialidad que nos enloquece por no poder mostrarnos femeninas, sensibles y hablando más fuerte que otros, cuando el problema lo amerite, sin ser acusadas de locas, malcriadas y groseras.
No hace mucho mi amigo M.O.M, me dijo: “puedes decir que detrás de cada miedo se esconde ¡un gran tesoro!.... lo que pasa es que el tesoro que hay detrás, muchas veces no sabes de qué se trata y siempre el mayor miedo está relacionado con lo desconocido.... por eso mismo es que el tesoro no se sabe qué es...”.
Mientras sigo peregrinando en esta encendida búsqueda de mi único y gran tesoro, sigo preguntándome ¿Quién se atrevió a censurar el miedo?
Andrea Gonzalez-Villablanca|Periodista y Columnista chilena|Directora DIVA