La boda del año en Estados Unidos es el secreto mejor guardado del siglo. A escasas semanas de que Chelsea Clinton se case con el joven banquero Marc Mezvinsky, no se conoce el modisto que la vestirá, el lugar del enlace, ni los invitados. Las especulaciones se disparan.
El silencio sepulcral de la
novia sobre su enlace con el joven banquero Marc Mezvinsky el próximo 31 de julio no ha hecho más que alimentar el interés mediático en el evento.
El rotativo Daily News y varios blogs aseguran que el casamiento será en Astor Courts, una mansión a orillas del río Hudson al norte del estado de Nueva York cuyo propietario original, Jack Astor, murió en el hundimiento del Titanic al regreso de su luna de miel.
El edificio está a una hora y media de la ciudad de Nueva York en un complejo de unas veinte hectáreas con piscina y cancha de tenis al que se accede por una pista sin asfaltar bloqueada por una valla que promete incordiar a los paparazzis que ronden por las inmediaciones.
La mansión de principios del siglo XX, una de las últimas obras del famoso arquitecto Stanford White, acogerá a unos 400 invitados de confirmarse, claro está, que será la sede del ilustre evento.
La novia ha exigido conocer "personalmente" a los asistentes, según la revista New York Magazine, lo que deja fuera a conocidos solo de sus padres, el ex presidente Bill Clinton y su esposa Hillary, la actual jefa de la diplomacia estadounidense.
Se espera que la ceremonia atraiga a donantes y trabajadores de las campañas electorales de los Clinton, así como a miembros del Departamento de Estado y de la Fundación Clinton, mandatarios extranjeros y personal de la Casa Blanca tanto de la época de Clinton como de la del actual presidente Barack Obama.
El ex vicepresidente Al Gore y su esposa Tipper, que acaban de separarse tras 40 años de matrimonio, recibieron la invitación pero no acudirán al enlace, según anunció un portavoz de la pareja.
Al interrogante de quién asistirá al evento social por excelencia de la temporada se suman otros como el de si la ceremonia será interconfesional: el novio es judío y la novia creció yendo a una iglesia cristiana metodista con su madre.
Los Clinton, que han protegido celosamente la privacidad de su única hija desde que Chelsea llegó con doce años a la Casa Blanca, no han soltado prenda al respecto.
“PAPÁ TIENES QUE VERTE BIEN”
Entre las contadas declaraciones sobre el tema, están las que hizo Hillary Clinton en febrero, cuando dijo a la CNN que planear la boda de su hija es "probablemente igual de difícil" que negociar la paz en Oriente Medio.
Bill Clinton, por su parte, se ha limitado a confesar que probablemente llore el día de la boda y a reconocer que su hija le ha pedido que pierda casi siete kilos antes del gran día.
"Papá lo único que tienes que hacer es llevarme al altar y tienes que verte bien", dijo Clinton citando a su hija durante una conferencia en Washington a finales de abril, a lo que añadió que estaba a mitad de camino de lograr ese objetivo.
Chelsea Clinton y su futuro esposo, Marc Mezvinsky, se conocieron en Washington cuando los dos eran adolescentes y estudiaron juntos en la Universidad de Stanford (California), aunque no empezaron a salir hasta el año 2005.
El joven, que trabaja en Nueva York, es, como su prometida, hijo de dos políticos, Marjorie Margolies-Mezvinsky y Edward M. Mezvinsky, ambos ex legisladores.
Al igual que Chelsea durante el escándalo de infidelidad de su padre a finales de los 90, su novio tuvo que hacer frente a un humillante escándalo, cuando su padre confesó ser culpable de una estafa a inversores por valor de 10 millones de dólares, un delito por el que sirvió varios años de cárcel.
La única hija de los Clinton es, según el biógrafo de Bill Clinton, David Maraniss, "crucial para el equilibrio familiar", la persona a la que su padre "quiere de forma incondicional" y "el centro de la vida emocional de Hillary".
La joven es muy celosa de su privacidad aunque está acostumbrada a ser el centro de atención.
Sus compañeros de universidad en Stanford recuerdan que Chelsea estaba siempre perfectamente maquillada como si la fuesen a fotografiar en cualquier momento.
Algunas de esas imágenes pasarán a la posteridad, como la que le tomaron en los jardines de la Casa Blanca en 1998 poco después de que su padre confesara haber tenido un romance con la becaria Monica Lewinsky, y en la que aparece en medio de sus padres agarrándoles la mano como sí, simbólicamente, los mantuviese juntos.
La novia nació el 27 de febrero de 1980 y debe su nombre a una canción de 1969 de Joni Mitchell, "Chelsea Morning", que les gustaba a sus padres.
La heredera de los Clinton llegó a la Casa Blanca en plena adolescencia, cuando todavía llevaba aparatos para corregir los dientes y acudió a la exclusiva escuela Sidwell Friends, a la que ahora van las niñas de los Obama.
Su madre recuerda en su libro "It Takes a Village" que la prepararon desde joven para el juego sucio de la política y relata como ella y su esposo se turnaban y actuaban como si fuesen un político atacando a Bill Clinton, hasta que Chelsea aprendió a controlar sus emociones y a prepararse para situaciones incómodas.
Chelsea Clinton es amante del ballet, el voleibol, el ping pong, y el cine. Se espera que el joven matrimonio siga viviendo en Nueva York tras la boda y la luna de miel, que mantienen también en estricto secreto.